Estamos siendo testigos de cambios sociales que en su momento suponiamos inimaginables.
Me refiero a las reformas legislativas que promovieron basicamente partidos de izquierda y aprobadas por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, algunas ya vigentes, y que sin duda satisfacen a un amplio sector social, pero también escandalizan a otros sectores no tan amplios pero que se sienten moralmente lastimados y agraviados en su pensamiento conservador.
En el mismo lugar del país, observamos a un gobernante literalmente peleando con la iglesia, situación que para sorpresa de muchos ha despertado numerosas muestras de simpatía y apoyo para el gobernante; ello, a pesar de que por historia cultural, para muchos sigue resultando delicado tocar el tema de la iglesia y de los sacerdotes, afortunadamente los muchos cada vez son menos.
Pero no nos quedemos solo en la controversia que generan estos temas, que sin duda tienen la forma de atractivo que les da su propia naturaleza; hay temas igualmente controversiales y controvertidos, de los que, por la importancia y el impacto que representan para la sociedad, destacamos el que tiene que ver con la enorme violencia que se vive en todos y cada uno de los Estados, y resultaría interesante conocer si los instrumentos internacionales de los que nuestro país es Parte, permiten un trabajo judicial interno o externo que incida en la escalada violenta por la que atravesamos.