La óptica con la que he aprendido a mirar y conocer el derecho, me han enseñado que el derecho es siempre, además de la justicia, una aspiración, que nos invita a poseerlo en las formas más amplias posibles. He aprendido que el derecho requiere de un compromiso con él, de una pasión interna hacia él.
Cuando una joven o un joven se deciden a estudiar el derecho, difícilmente pueden tener una idea de lo que el derecho espera de nosotros, de lo que el derecho despertará en nosotros, de lo que esta profesión, desde cualquiera de las trincheras que se le defienda puede aportar a nuestras vidas. Y es que el derecho se vuelve exigente y es a la vez tan humilde quiere tanto y a la vez tan poco de nosotros, solo nos pide pasión, perseverancia, dedicación… entrega.
En un mundo tan convulsionado como el nuestro, en el que la sociedad y el individuo se comprometen cada vez más con el lujo, la riqueza, la influencia y el poder; en el que la rapidez de la palabra que hacemos viajar a través de la maravillosa carretera de la información gana paso a la reflexión, en el que la irreflexión gana paso al pensamiento y la meditación, hemos aprendido a ir dejando de lado aquello que nos acerque a nuestro original compromiso social con la profesiòn que elegimos.
Al paso del tiempo nos damos cuenta que nuestra primera obligaciòn como abogados o como aspirantes a serlo, es no abandonar al derecho, y se le abandona tan facilmente, el placer es tan seductor para el abandono de nuestros compromisos; al derecho se le abandona cada dìa que no leemos un artìculo, cada dìa que no estamos pendientes de las actualizaciones legislativas, cada dìa que privilegiamos cualquier tipo de esparcimiento sin antes haber alimentado nuestra existencia como abogados, se le abandona pues cada dìa que no estudiamos.
En la vida todo, absolutamente todo lo que tiene vida muere,si no alimentamos lo que vive anticipamos su muerte; los sentimientos que no se alimentan tambièn mueren, la pasiòn muere si no la sabemos avivar y mantener, el estudio diario, permanente y profundo es el alimento de los abogados y es el ùnico camino de mantener viva la pasiòn por nuestra profesiòn y de continuar nuestra existencia como abogados.